EDUCACIÓN SECUNDARIA

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Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas deliciosas.

lunes, 27 de octubre de 2014

EL LIBRO DE BUEN AMOR "La historia de Don Melón y Doña Endrina"

La historia de don Melón y doña Endrina

Haciendo caso, pues, a don Amor, Juan Ruiz contrata los servicios de Trotaconventos para que le ayude a
conquistar a la viudita doña Endrina de Calatayud. La ha visto en una plaza y se ha enamorado de ella [653]:

¡Ay Dios! ¡Quán fermosa viene doña Endrina por la plaça!
¡Qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garça!
¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, que buenandança!
Con saetas de amor fiere cuando los sus ojos alça.

Don Melón de la Huerta (en quien, como hemos dicho, se ha transformado el Arcipreste) se decide a hablarle, pero ella se muestra reacia a sus requiebros. En vista de ello, pide ayuda a Trotaconventos. La cual no es -
como será en la Celestina- un personaje diabólico. Juan Ruiz poseía un talante jovial, y pinta una vieja urdidora y entrometida, con rasgos repugnantes compensados por el hecho de que los amores de Melón y Endrina acabarán en boda ..(Todo el episodio tiene la intención moral de prevenir contra esas mujeres perversas que, con piadosa apariencia, minaban la voluntad de las jóvenes incautas). Pero hela ya aquí comenzando su trabajo [723-727]:

La buhona con famera va taniendo cascaveles
meneando de sus joyas, sortijas e alfileles.
Decía: -«¡Por fazalejas! ¡Conprad aquestos manteles!»
Vídola doña Endrina; dixo: -«Entrad, non receledes.»

Entró la vieja en casa; díxole: -«Señora fija,
para esa mano bendicha quered esta sortija.
Si vos non me descobrierdes, dezirvos é una pastija
que pensé aquesta noche». Poco a poco la aguija.

-«Fija, siempre estades en casa encerrada.
Sola envejeçedes; quered alguna vegada
salir, andar en la placa con vuestra beldat loada:
entre aquestas paredes non vos prestará nada.

En aquesta villa mora muy fermosa mancebía,
mancebillos apostados e de mucha loçanía;
en todas buenas costunbres creçen de cada día,
nunca veer pudo omne atán buena conpañía.

Muy bien me resciben todos en esta mi pobredat;
el mejor e el más noble de linaje e de beldat
es don Melón de la Uerta, mancebillo de verdat:
a todos los otros sobra en fermosura e bondat.

Doña Endrina no se fía ni de la vieja ni de las intenciones de Don Melón. Pero acaba yendo a casa de trotaconventos. El mancebo finge pasar por casualidad, y llama con gran violencia. He aquí su maligno asombro al encontrar allí a su amada [877]:
«¡Señora doña Endrina, vos la mi enamorada!
Vieja; ¿por esto teníades a mí la puerta cerrada?
¡Tan buen día es hoy este que fallé atal celada! so
Dios e mi buena ventura me la tovieron guardada.»

Los designios de don Melón y de la vieja se cumplen, y Endrina increpa así a esta [882]:

Doña Endrina le dijo: «¡Ay viejas tan perdidas!
A las mujeres trahedes engañadas, vendidas;
ayer mill cobros me davas, mill artes, mill salidas;
ay, que só escarnida, todas me son fallidas .»

Pero Trotaconventos pone fin a tanta desesperación, con esta sentencia[890]:

-«Pues que por mí dezides que el daño es venido,
por mí quiero que sea el vuestro bien avido:
vos sed muger suya, e él vuestro marido;
todo vuestro deseo es bien por mí conplido.»

COMENTARIO DE EL LIBRO DE BUEN AMOR

Ay, Dios, cuán hermosa viene doña Endrina por la plaza!
¡Ay, qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!
¡Qué cabellos, qué boquita, qué color, qué buenandanza!
Con saetas de amor hiere cuando los sus ojos alza.

Pero tal lugar no era para conversar de amores;
acometiéronme luego muchos miedos y temblores,
los mis pies y las mis manos no eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza, mudáronse mis colores.

Unas palabras tenía pensadas para le decir,
la vergüenza ante la gente otras me hace proferir;
apenas era yo mismo, sin saber por dónde ir;
mis dichos y mis ideas no conseguían seguir.

Hablar con mujer en plaza es cosa muy descubierta
y, a veces, mal perro atado está tras la puerta abierta;
es bueno disimular, echar alguna cubierta,
pues sólo en lugar seguro se puede hablar cosa cierta.

-"Señora, la mi sobrina, la que en Toledo vivía
a vos se encomienda mucho, mil saludos os envía;
si hubiese lugar y tiempo, por cuanto de vos oía,
tendría placer en veros y conoceros querría.

"Deseaban mis parientes casarme en esta sazón
con una doncella rica, hija de don Pepión;
a todos di por respuesta que no la querría, no.
¡Mi cuerpo será de aquella que tiene mi corazón!"

Luego, hablando en voz baja, dije que disimulaba
porque toda aquella gente de la plaza nos miraba;
cuando vi que se marchaban y que ya nadie quedaba
comencé a decir la queja de amor que me lastimaba.

(LOCALIZACIÓN)

El fragmento que vamos a comentar pertenece al Libro de Buen Amor, obra del Mester de clerecía dentro del periodo de la Edad Media, más concretamente de la alta Edad Media que se caracterizaba por un sistema feudal, cuya sociedad era estamental y teocéntrica.
Fechado en 1330 y de cuyo autor, un tal Arcipreste de Hita, no hay datos concluyentes. Narra, a través de una autobiografía ficticia, sus aventuras amorosas que acaban siempre en fracaso.
La obra está dividida en cinco partes:

1. Una introducción donde el autor explica el sentido e interpretación del libro.
2. Una autobiografía ficticia del autor, que consiste en narrar sus amores con distintas mujeres, ayudado por Trotaconventos.
3. Una narración de los amores de don Melón y doña Endrina.
4. Una colección de ejemplos, fábulas y cuentos, que sirven como enseñanza moral y cierre de los episodios.
5. El relato alegórico de la batalla de don Carnal y doña Cuaresma.
       
Este fragmento pertenece a la tercera parte donde se narran los amores de don Melón y doña Endrina. En él se nos presenta a Don Melón enamorado de Doña Endrina a la que pretende declarar su amor.
En cuanto a la métrica es de destacar la polimetría propia de este texto. El autor utiliza la cuaderna vía para la narración, como observamos en este fragmento, y el villancico o zéjel para las composiciones religiosas.
El realismo es la característica estilística que resalta en esta obra: se representa a toda la sociedad de la época dando una visión realista de la misma. Además, este autor utiliza la sátira, el humor y el tono juglaresco junto con la mezcla de lo culto y popular.
Parece que la intención del autor era moralizante, enseñar a los hombres que deben seguir el Amor Divino y no el amor carnal, pero a lo largo de la obra observamos la ambigüedad en su intención ya que parece ofrecer técnicas para disfrutar de los placeres carnales más que para evitarlos.

(GÉNERO)

Se trata de un texto narrativo escrito en verso que corresponde al Mester de clerecía. Se utiliza la cuaderna vía: versos alejandrinos, monorrimos con rima consonante como se puede observar en el fragmento que estamos comentando.
Además de la tipología narrativa, encontramos la descripción sobre todo en la primera estrofa donde Don Melón alaba la belleza de Doña Endrina. El diálogo se halla entre la quinta y sexta estrofa, donde el propio Don Melón transcribe el comienzo de su conversación con Doña Endrina utilizando el estilo directo.
Los autores del Mester de Clerecía eran conscientes de estar escribiendo para la posteridad y por tanto cuidan el lenguaje.
La finalidad del Mester de clerecía era didáctica y, en este sentido, esta obra pretende enseñar el buen camino a los jóvenes para que no pequen. Esta actitud está ligada al contexto en el que se inscribe, donde el poder de la iglesia lo abarcaba todo y amedrentaba al pueblo analfabeto. La técnica de la autobiografía es novedosa y no la volveremos a encontrar hasta El Lazarillo de Tormes. Encontramos en esta obra un personaje muy importante, La Trotaconventos, que en el S.XV dará lugar a La Celestina de Fernando de Rojas.
En este fragmento, se nos muestra a Don Melón profundamente enamorado de Doña Endrina a la que intenta declarar su amor. La finalidad didáctica se puede apreciar en la idea del amor como enfermedad que enloquece al que cae en sus garras.

(TEMA Y RESUMEN)

El tema principal del fragmento es el deseo de don Melón de expresar su queja de amor a doña Endrina. Como temas secundarios, se distingue el miedo a las habladurías de la gente (“Hablar con mujer en plaza es cosa muy descubierta/ es bueno disimular, echar alguna cubierta/ pues sólo en lugar seguro se puede hablar cosa cierta”), y la importancia del dinero entre las clases burguesas (“Deseaban mis parientes casarme con una doncella rica, hija de don Pepión”).
Respecto a los tópicos literarios presentes en el texto, podemos diferenciar los siguientes: loco enamorado, ya que el protagonista parece perder la razón por el amor de la amada (“acometiéronme muchos miedos y temblores/ los mis pies y las mis manos no eran de sí señores/ perdí seso, perdí fuerza, mudáronse mis colores/ apenas era yo mismo/ mis ideas no conseguían seguir”…); y quejas del enamorado (“Cuando vi que se marchaban/ comencé a decir la queja de amor que me lastimaba”).

(ESTRUCTURA)

El fragmento presenta una clara estructura narrativa que se puede dividir en las siguientes partes:
 a) Planteamiento (versos 1-8): don Melón expresa lo que siente cuando ve a doña Endrina en la plaza y cómo pierde el control de sus acciones.
b) Nudo (versos 9-26): con la excusa de darle recuerdos de su sobrina, don Melón se acerca a la dama intentando disimular ante toda la gente que los mira.
c) Desenlace (versos 27-28): finalmente, cuando todos se marchan, el protagonista expresa su queja de amor a doña Endrina.
La estructura del fragmento es lineal, pues la acción se desarrolla en orden cronológico. Sin embargo, el hilo narrativo se ve interrumpido en la estrofa cuarta, en la que el autor introduce una reflexión de carácter didáctico acerca de cómo hablar a una dama en un lugar público.
En cuanto al narrador, se utiliza la primera persona protagonista, lo que lleva a interpretar el texto (y la obra) como una autobiografía del arcipreste, aunque ello nunca fue corroborado. Los personajes que aparecen en este fragmento son don Melón, protagonista y personaje arquetípico que parece encarnar una caricatura del “loco enamorado”; doña Endrina, que representa la dama delicada por la que suspira el galán; don Pepión, personaje que simboliza la nueva burguesía y que sólo es mencionado en el texto; y la gente de la plaza como personajes fugaces. Como vemos, los personajes se corresponden con el tono humorístico que predomina en la obra, en este caso, disfrazado en los nombres elegidos para los amantes (nombres de frutas: don Melón y doña Endrina –ciruela silvestre, arañón, pacharán-) y el de don Pepión (nombre de moneda castellano-leonesa de los siglos XII y XIII, en representación de su riqueza).
El tiempo es externo ya que es el tiempo real objetivo de la historia, puede medirse en unidades cronológicas concretas y permite medir la duración de la acción.
El espacio según su ubicación es abierto, ya que se desarrolla en una plaza, (hablar con mujer en plaza es cosa muy descubierta…) y según su relación con la realidad es real y verosímil.

(FORMA)

El análisis métrico nos muestra el uso de la cuaderna vía, estrofa característica del Mester de Clerecía, aunque los versos en su mayoría son hexadecasílabos, según se detalla a continuación:

¡Ay, Dios, cuán hermosa viene 8 doña Endrina por la plaza! 8 (16) A
¡Ay, qué talle, qué donaire, 8 qué alto cuello de garza! 7 (15) A
¡Qué cabellos, qué boquita, 8 qué color, qué buenandanza! 8 (16) A
Con saetas de amor hiere 8 cuando los sus ojos alza. 8 (16) A
Pero tal lugar no era 8 para conversar de amores; 8 (16) B
 acometiéronme luego 8 muchos miedos y temblores, 8 (16) B
 los mis pies y las mis manos 8 no eran de sí señores, 7 (15) B
perdí seso, perdí fuerza, 8 mudáronse mis colores. 8 (16) B

 La rima es consonante, si bien en la primera estrofa los versos riman en asonancia.
Algunas figuras literarias que se pueden identificar en el fragmento son las siguientes:
En la primera estrofa encontramos el uso de la exclamación retórica en los tres primeros versos. Además, podemos observar la anáfora en los versos 1 y 2: “¡Ay, Dios…/ ¡Ay, qué talle…”. También se emplea el paralelismo (determinante exclamativo + sustantivo) junto con la enumeración en y el asíndeton en el verso 3: “¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buenandanza!”. Las metáforas las hallamos en el verso 2, “¡qué alto cuello de garza!” y en el verso 4, “con saetas de amor hiere…”.
En la tercera estrofa, nos encontramos con un hipérbaton en el primer verso: “Unas palabras tenía pensadas para le decir”.
Volvemos a encontrar el empleo de la exclamación retórica en el último verso de la sexta estrofa: “¡Mi cuerpo será de aquella que tiene mi corazón!”.
Por otro lado, merece especial mención el uso de rasgos juglarescos en la obra del arcipreste. En este fragmento en cuestión aparece el estilo directo, lo que otorga frescura al texto y lo acerca al “habla viva” del pueblo. El empleo del refrán “mal perro atado está tras la puerta abierta” en el verso segundo de la cuarta estrofa, tiene el mismo sentido que el empleo del estilo directo, pues se trata de un rasgo característico de los juglares. En esta misma línea, el uso del diminutivo “boquita” en el tercer verso de la primera estrofa, también es propio del habla popular.

(CONCLUSIÓN)

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